La oportunidad de las elecciones europeas

Decía Mariano Rajoy esta mañana en la cadena SER que, según los datos del mes de abril de su Gobierno, el empleo presenta un balance muy positivo de 133.765 afiliados más a la Seguridad Social. Aun así, también admitía que se trata de una subida del empleo muy vinculada a la Semana Santa y con mucho empleo temporal.

Según el presidente, al final de la legislatura habrá menos parados y más afiliados que cuando llegó a La Moncloa, a pesar de que la tasa estaba en el 21,8% cuando ganó las elecciones, y el plan de estabilidad que ha enviado a la UE asegura que estará en el 23,1% al final de su mandato.

Se queja Rajoy, además, del negativismo que ve en la oposición y en la prensa: “No se puede ser un optimista absurdo, pero tampoco un cenizo, porque no corresponde a la realidad. Yo me he encontrado un país en quiebra, he tenido que superar el rescate, y lo sustancial es que hay un cambio de tendencia”.

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El presidente se empecina en mantener un discurso complaciente sobre la economía, que lamentablemente es desmentido una y otra vez por la inexorable realidad de las cosas. Decía ayer la Comisión Europea en sus previsiones de primavera que la salida de la crisis está plagada de obstáculos.

Cotas de desempleo inaceptables

No en vano, el asomo de la recuperación llega por fin a Europa tras una cura de austeridad sensacional que ha provocado una doble recesión. Y llega, además, prácticamente sin empleo, sabiendo que el paro apenas bajará durante este año y el próximo, y que la media seguirá por encima del 11% -con picos dignos de gran depresión en Grecia y en España-.

Entretanto, la OCDE (Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico, que agrupa a los 34 países más ricos del mundo) advierte de que la recuperación en España es débil y lenta, y de que el desempleo seguirá este año y el que viene en cotas inaceptables: 25,4% en 2014, y sólo un punto menos en 2015.

De hecho, la economía europea cuenta una historia de dos reactivaciones. Por un lado, Alemania y sus satélites viven una crisis estupenda. Desde 2010 han visto cómo se hundían sus tipos de interés reales para financiar sus empresas a mínimos históricos. Por otro lado, la periferia –a la que Francia e Italia empiezan a acercarse en algún capítulo- presenta cifras más grises, un alivio desesperadamente lento y un horizonte cargado de nubes.

En este contexto, ahora que los recortes han llegado a Francia, el gobierno galo ha reavivado el debate sobre la necesidad de reinterpretar las estrictas reglas fiscales europeas con más laxitud, presionando al BCE para que cambie su política.

¿El sufrimiento es inevitable?

¿Qué mejor oportunidad para que los ciudadanos del sur exijamos que se aminore la carga de sacrificio que nos están imponiendo, que las elecciones al Parlamento del 25 de mayo? Como decía el profesor de Economía de ICADE José Carlos Díez en ‘El País’ el 18 de abril, “Merkel y Draghi (presidente del BCE) han conseguido imponer el mantra de que el sufrimiento del sur es inevitable (aunque sea opcional) para depurar los errores cometidos”.

Obama y Bernanke (presidente de la Reserva Federal) en EEUU, sin esta moral calvinista, han conseguido evitar la quiebra de todo su sistema financiero y crear ocho millones de empleos. Si los republicanos hubieran ganado las elecciones en 2008, habrían impuesto el austericidio y EEUU seguiría en crisis.

Como apunta José Carlos Díez, el ajuste en los países con problemas de déficit puede ser compensado con planes de estímulo europeos financiados con ‘Eurobonos’, esa herramienta prohibida en Alemania incluso para la SPD.

Los Eurobonos pueden usarse para crear una mesa de deuda, para mutualizar una parte de la misma, y para reestructurar las deudas que no se pueden pagar. Si los europeos imponemos con nuestro voto el uso de éste u otros mecanismos similares, la democracia funcionará, y saldremos del círculo vicioso en el que nos encontramos inmersos.

Otra forma de resolver la crisis es posible: Ni hace falta volver a caer en el despilfarro, ni es necesario aplicarse un austericidio. Ante la enorme magnitud de la bolsa de pobreza generada por los recortes, la política de la solidaridad se hace hoy más necesaria que nunca.

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